jueves, 30 de diciembre de 2010

VIDA después de la vida

Escrito el 21 de septiembre de 2009 por Arito Leo No quiero hablar de muerte, sino de VIDA con ayúsculas después de la vida, ya que mi intuición me dice que no hay un final definitivo para nuestro Ser; sí por supuesto para la forma física que hemos ocupado, pero cuando tú obervas una persona fallecida, te das cuenta que sólo es materia, que ese álito de vida que la animaba, esa energía que hacía posible el brillo en sus ojos al mirarte ya no está ahí, se ha ido, simplemente parece haber desaparecido... sin embargo una de las cosas que el colegio me enseñó fué que la energía nunca se crea ni se destruye, simplemente se transforma.


En un post anterior hablaba de la visión de esta vida física y concreta, con nuestros nombres y apellidos, con nuestras familias, padres, hermanos, parejas, hijos... y nuestra herencia genética, con nuestras experiencias humanas, nuestra formación académica, nuestras relaciones personales, nuestra experiencia laboral, nuestros logros y errores... como un sueño, una ilusión, una especie de película proyectada cuyos protagonistas somos nosotros y en cuyos sucesos hemos intervenido. No podemos negar la realidad de que este sueño parece desvanecerse tarde o temprano; pero la siguiente pregunta sería ¿quién sueña este sueño, soy parte del sueño y muero con él o de alguna manera hay un Yo que está soñando esto? Si mi Yo no muere, cuando el sueño lo haga, ¿despertaremos y a qué despertaremos?

Vivimos este recorrido sin querer tomar conciencia de que es finito, de que este cuerpo y todas las cosas que tenemos son finitas, es lo único absolutamente seguro que sabemos nos ocurrirá... que un día inesperado acude la tan despreciada muerte y dejaremos de estar en esta manifestación física; nuestra materia se descompondrá y no quedará nada de nosotros que nuestros seres puedan ver, oir, sentir, oler o acariciar.

Un hecho tan seguro y al mismo tiempo tan ignorado, olvidado, temido... es un tema tabú, algo de lo que no se habla, nadie quiere pensar en ello, la sociedad entera nos evita el tema desde que somos niños; nos resulta ajeno a nuestra realidad, algo antinatural, un suceso atroz y horrible, no podemos concebir que dediquemos toda la vida construyéndonos un futuro, acaparando cuanto podemos... para que nuestro futuro sea desaparecer, convertirnos es nada. Rechazamos de forma visceral un destino así y de esta forma nos pasamos la vida negando este fin... ¿Por qué ese miedo? Tememos lo que no comprendemos, lo que desconocemos...

Para saber exactamente si desaparecemos del todo al fallecer, habría qué preguntarse ¿qué somos? y sabiendo qué somos preguntarse si lo que somos puede morir.

¿Soy este cuerpo, con este color de piel, de ojos, de pelo, con esta altura y esta contextura, con su deterioro físico al envejecer? Si yo soy sólo eso, es evidente que muero con él.

¿Soy este nombre y apellidos, esta historia mía con mi pasado, con las experiencias de mi niñez, con lo vivido en la juventud efervescente, con la vida en pareja y las pasiones humanas? Si sólo soy eso, muero también pues todo ello acaba formando parte del pasado, de la memoria, del recuerdo... y el pasado no existe.

¿Hay algo de mí que no ha cambiado con el tiempo, algo que permanece desde que nací, que es inmutable, imperecedero? ¿Acaso el Ser que ha observado todas las secuencias de mi vida como se observan las escenas de una película no ha sido siempre el mismo? A esto le llaman el "Observador" o "Consciencia", siempre ha estado ahí, núnca se ha ido ni se irá porque es a-temporal, a-espacial lo que ocurre es que la mayor parte de nuestra vida la hemos pasado arrinconando a nuestra "consciencia", ocultándola, silenciándola con nuestro ruidoso Ego, que ha querido rellenar el Silencio con todo tipo de diálogos, ha querido maquillar la Plenitud con el sentimiento de insatisfacción, ha querido disfrazar la Abundancia con la sensación de escasez, ha querido transformar la Unidad en separación e individualidad, ha querido que creamos que la Eternidad no existe y se reduce a una vida finita .

Recuerdo una observación que oí a Deepak Chopra (en el tercer video de "El Poder del Pensamiento" que adjunto a continuación)

que me llenó de asombro y que me hizo reflexionar mucho, decía que una vez al año, renovamos el 98% de las células del cuerpo, uno fabrica un nuevo hígado cada seis meses, una nueva piel cada mes, un nuevo revestimiento gástrico cada cinco días, un esqueleto, que a pesar de parecer tan sólido, se renueva cada tres meses... el cuerpo físico, éste con el que nos identificamos resulta que no es el mismo de ayer... pero uno se percibe interiormente como "el mismo de siempre", entonces ese yo que creo ser, no puede tener nada que ver con este vehículo biológico. "Confundimos el jinete con el caballo" dice Chopra, o como digo yo, confundimos el tren (nuestro cuerpo) con el maravilloso viaje de la vida, lo que importa no es el medio de transporte en sí, sino el recorrido, admirar y absorver el paisaje, disfrutarlo plenamente, con toda intensidad, conscientemente... llenándonos del único material compatible con el más allá: el AMOR; dice Teresa de Calcuta "seremos juzgados sobre el amor", entiendo que ella no cree en juicios sobre pecados, sería absurdo... sino que cuando pasemos al otro lado, lo único que nos quedará es el AMOR..., tarde o temprano debemos apearnos de este tren, nos tocará decir como Groucho Marx "que pare el mundo, que me bajo" La muerte es para mí, un "transbordo" de medios de transporte necesario para continuar con el viaje de la VIDA.

Esta vida, en minúsculas, nos la han "prestado" y en su momento la debemos devolver; esta vida es un libro prestado que hay que leer, a veces su lectura es muy dolorosa y ocasionalmente te lleva a sentir experiencias hermosas, estudiar la vida no siempre es fácil, hay algunos a los que nos les gusta leer y desean cerrar el libro lo más pronto posible, a otros las contínuas lágrimas no les permite seguir avanzando en la lectura de su vida, algunos no saben leer ni quieren aprender, otros no saben, pero les gustaría e incluso los hay que no saben, pero tampoco saben que no saben y desconocen que la vida sólo es una excusa para que su espíritu lea; de vez en cuando aparecen seres que practican la enseñanza de la lectura de la vida; pero saber el abecedario, las pautas y las reglas es una cosa y ponerse a leer y comprender es otra. Este libro que es tu vida, está para leerlo, pero es una lectura personal y solitaria, nadie más que tú la puede hacer, comprender e interpretar. Así cuando la muerte te sorprenda en tu caminar, piensa "...sólo le toca devolver el libro de la vida que le prestaron..." pero en esta infinita Biblioteca de la Existencia, hay muchas otras lecturas que nos esperan, no te apenes por devolverlo ya que lo importante no es este libro en sí, esta vida; sino la lectura que te ha enriquecido el alma. Hay una frase de Rabindranath Tagore que me encanta, dice: "La muerte pertenece a la vida, igual que el nacimiento. Para andar no sólo levantamos el pie, también lo bajamos"

J.J.Benítez en "Mágica Fe" se acerca a la naturaleza para percibir la muerte como la antesala de un nuevo renacer:

"Vivimos rodeados de muerte y la Naturaleza no parece excesivamente preocupada por ello, ni verás que se vista de luto. Mueren los días, el trigo, los cometas, las tormentas, los bancos de peces... Y todo ello ¡genial invento! sólo provoca más vida. Que la concha de nuestra inteligencia no pueda contener el océano, no significa que el mar no exista, y menos todavía, que el invento sea malo"; que no lo entendamos no quiere decir que Dios haya "metido la pata" El paso del ser humano por la vida no es una excursión: estamos aquí para aprender. Morir viene a ser como entrar en un ascensor. Si te fijas, la estrechez de estos ingenios incomoda a casi todo el mundo. Pero, en segundos, te eleva y te situa en "otro piso". Morir, no es otra cosa que "mudarse de casa" y con la tranquilidad que supone no tener que cargar en la mudanza con todos lo muebles.

¿Quién profundiza en el conocimiento de "este obligado paso"? La muerte es una asignatura pendiente. Una materia, la más notable y la única que no tiene escapatoria- para la que no somos educados. Podemos sentir horror a la forma de morir. Es lógico. Podemos sentir un inmenso dolor por la persona que "se va"; también es lógico. Lo que no es lógico es que practiquemos la política del avestruz con nosotros mismos. Lo que no tiene sentido es que vivamos enterrando muertos y nadie se preocupe de por qué morimos (o mejor dicho de "por qué vivimos") Claro que ya se sabe, la muerte es algo que sólo le ocurre a los demás. Lo peor de la muerte no es la muerte, sino el no pensar en ella."

La noche es un anuncio del amanecer, la muerte de la flor es un preámbulo al nacimiento del fruto, la semilla es enterrada y se desgarra en dos para crear un hermoso árbol, los ríos mueren en el mar pero pronostican futuras lluvias... todo en la naturaleza es ciclíco, no existe la muerte definitiva. Recuerdo haber leído en el libro "La rueda de la vida" de la doctora Elisabeth Kübler Ross que se sorprendió al conocer que en los barracones de los campos de concentración nazis, lo más pequeños ajenos a toda creencia y sin otra forma de poder expresarse, pintaban en las paredes mariposas, esos niños de forma instintiva no creían en su fin, sino que como las orugas se verían convertidos en hermosas mariposas tras su muerte. Esto impactó mucho a la doctora Kübler, que dedicó toda su vida a divulgar otra forma de percibir y tratar la muerte y convirtió la mariposa de estos pequeños, en el símbolo de su trabajo. Decía: "Los niños lo saben intuitivamente; si no les contagiamos nuestros miedos y nuestro dolor, ellos tienen la capacidad de enseñarnos muchas cosas."

Y es cierto, lo niños tienen una capacidad increíble de adaptarse a los cambios y por sí mismos no ven la muerte de la manera tan terrorífica como la captan los adultos, para ellos la vida continúa y no se resisten a la posibilidad de "continuar sonriendo, sintiendo alegría de vivir" y esta actitud no menosprecia el amor o el recuerdo del que ha partido, esos son prejuicios de los mayores.

Cuando se funde la bombilla y nos deja de alumbrar, ¿nos afligimos por qué hemos perdido para siempre la luz?, eso sólo lo haría un pensamiento primitivo, que no entendiera que la esencia de la luz nos era la bombilla en sí, sino la energía que se servía de ésta para iluminar; la bombilla sólo era un medio, un vehículo.

Con la muerte ocurre igual ¿somos la bombilla o somos la energía que temporalmente en ella se manifestaba? ¿muere la bombilla o se extingue por siempre la energía? Nuestro cuerpo se funde, deja de funcionar, ya no le sirve a la energía para poder materializarse... pero la corriente de VIDA que antes emanaba por el cuerpo, continúa existiendo. Paradójicamente, el primitivo es capaz de intuir esto que se nos escapa a nosotros, se puede observar en los enterramientos más prehistóricos la intención de posibilitar al fallecido una continuidad uniéndolo con objetos de su vida.

Me gustaría entregarme a la muerte como el recién nacido se entrega a dormir en los brazos de sus padres, lleno de paz, de confianza y seguridad; con la absoluta certeza de saberse protegido y amado, antes del sueño y después del sueño. En realidad, como dice Benítez, cada noche sin saberlo nos entrenamos para ese gran paso cuando nos disponemos a dormir; no somos conscientes de ello, pero cerramos los ojos, abandonamos por unas horas completamente el control de nuestro cuerpo y nos sumergimos en un mundo desconocido, que irónicamente nosotros mismo creamos de forma inconsciente, con la total convicción de despertar a la mañana siguiente; sin duda morir debe ser así de sencillo y natural... como relajarse para dormir...

Por último quisiera transmitir una imágen amorosa y sosegada con relación a la muerte. A veces he pensado que sería maravilloso que todos puediéramos elegir de forma consciente, el momento y las circunstancias para nuestra partida. De hecho pienso que si el hombre logra superar este enorme bache en su evolución (me refiero a la mentalidad egoica) y consigue como especie en este planeta dar el salto cuántico a una conciencia espiritual, la muerte será en un futuro, el maravilloso viaje transcendental para el que nos prepararemos nosotros y a nuestros seres queridos, podríamos escoger la fecha, el lugar y las condiciones que envolvieran nuestra marcha, todo ello en una atmósfera de calma, comprensión profunda y amor incondicional.

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